El problema no es el color del pasaporte: internacionalización y financiamiento de la universidad argentina
La presencia internacional es acotada y desigual. Su aporte académico y económico obliga a mirar más allá de los costos y a planificar la internacionalización como política de estado.
En las últimas semanas volvió a instalarse en la agenda pública la discusión sobre el financiamiento de los estudiantes extranjeros en las universidades públicas argentinas. Antes de analizar quién debe pagar y cuánto, es necesario identificar la magnitud del fenómeno, evaluar los costos que conlleva y los beneficios que se generan y reconocer que su distribución dentro del sistema universitario es profundamente desigual.
Los datos muestran que los estudiantes extranjeros representan una proporción relativamente baja de la matrícula universitaria argentina, aunque están muy concentrados en algunas instituciones y carreras, particularmente relacionadas con la Medicina. También dan cuenta de que su presencia impulsa la actividad económica y la recaudación tributaria, así como los vínculos internacionales y la formación de capital humano. Estos elementos obligan a abordar la discusión desde una perspectiva que contemple no solo los costos que supone la gratuidad universitaria para estos estudiantes, sino también los beneficios que aquellos generan, así como también su distribución en términos institucionales y de disciplinas.
Una presencia acotada y desigual
Conviene comenzar por una distinción básica internacionalmente adoptada. Un estudiante extranjero es una persona cuya nacionalidad es diferente de la del país en el que estudia. Un estudiante internacional, en cambio, es quien se trasladó a otro país específicamente para cursar estudios. Ambas categorías no son equivalentes. Algunos extranjeros llegaron a la Argentina durante su infancia, migraron con sus familias o se instalaron por motivos laborales u otros, y luego comenzaron una carrera universitaria. Además, la residencia temporal, transitoria o permanente es una condición migratoria que puede cambiar durante la trayectoria académica y no modifica la nacionalidad del estudiante. Por eso, el número de estudiantes extranjeros es necesariamente mayor que el de estudiantes internacionales en sentido estricto. Las estadísticas universitarias argentinas registran principalmente la nacionalidad otorgando mayores precisiones sobre los extranjeros que sobre los internacionales.
La distinción también es relevante desde un punto de vista administrativo. Para cursar carreras completas, los estudiantes extranjeros deben acreditar ante las instituciones una situación migratoria admitida, con algún grado de residencia en el país. La nacionalidad, la condición migratoria y el motivo por el cual una persona decide trasladarse o instalarse en el país constituyen, por lo tanto, dimensiones diferentes para profundizar el análisis.
En 2023, último año con datos oficiales publicados, había 126.589 estudiantes extranjeros en carreras de grado, pregrado y posgrado de universidades argentinas. Alrededor de tres cuartas partes estudiaban en instituciones públicas. La entonces Secretaría de Políticas Universitarias contabilizó en ese año un total de 82.797 estudiantes de pregrado y grado en instituciones universitarias estatales, equivalentes al 4,1% de la matrícula de esos niveles. En el posgrado, cuyos programas son arancelados, la proporción más que se duplicaba: los estudiantes extranjeros representaban cerca del 10% de la matrícula total y el 9,1% de la correspondiente al sector estatal.
A su vez debe contemplarse que no todos los extranjeros matriculados en los programas bajo análisis llegaron al país para estudiar. En Curcio, Leone y Simonini (2025) se estima que la proporción de estudiantes extranjeros movilizados para cursar carreras completas de grado en universidades públicas en el país es del 41,2% de los extranjeros inscriptos1, o sea que el sistema universitario nacional contó con sólo 34.078 estudiantes internacionales de grado en universidades públicas en 2023 (apenas el 1,7% del total de estudiantes de esos niveles en ese año).
La incidencia, sin embargo, varía considerablemente entre las ramas de estudio. En carreras vinculadas con Ciencias de la Salud, los estudiantes extranjeros representan el 10,9% de la matrícula estatal de pregrado y grado; en Ciencias Aplicadas, la participación se reduce al 3,1%; en Ciencias Humanas, al 2,3%; en Ciencias Básicas, al 2,2%; y en Ciencias Sociales, al 2,1%. La presencia extranjera no constituye, por lo tanto, un fenómeno generalizado con la misma intensidad en toda la universidad pública, sino que se encuentra fuertemente concentrada en las carreras ligadas con la medicina.
Luchilo (2024) muestra además, que el fenómeno sobre las carreras de medicina se concentra en pocas instituciones. La UBA, la Universidad Nacional de La Plata, la Universidad Nacional de Rosario y el Instituto Universitario de Ciencias de la Salud Fundación Barceló reunían más del 80% de los estudiantes internacionales de Medicina en 2022.
Proporción de estudiantes de pregrado y grado en universidades estatales argentinas
según nacionalidad y rama disciplinaria (2023)
En términos agregados no se trata de una presencia masiva. El 4,1% de estudiantes extranjeros de grado en universidades públicas argentinas se sitúa muy por debajo del promedio de 7,4% entre los países miembros de la OCDE. La proporción es cercana a la correspondiente a España (4%) y resulta sustancialmente menor a las de Francia, Alemania, Canadá o el Reino Unido donde dichas relaciones alcanzan al 9,7%, 12,7%, 21,2% y 23,4% respectivamente (OCDE, 2025b).
La UBA y la concentración en algunas disciplinas
La Universidad de Buenos Aires recibe una parte significativa de los estudiantes extranjeros del país. Su evolución presenta dos rasgos centrales: una expansión en los últimos años y, al igual que a nivel nacional, una fuerte concentración en determinadas disciplinas. Entre 2017 y 2023, la cantidad de estudiantes extranjeros de grado y pregrado se duplicó, al pasar de 18.891 a 38.185. En el resto del país, la cantidad de estudiantes extranjeros también creció significativamente, aunque a un ritmo algo menor. Como resultado, la participación de la UBA en el total de extranjeros de las universidades estatales pasó del 41% en 2017 al 48% en 2022. A partir de 2023, la matrícula de extranjeros UBA comenzó a bajar, pasando a 35.758 estudiantes en 2024 y a 32.748 en 2025. En este último año con datos agregados disponibles, los extranjeros representaban el 10,9% de los estudiantes de la universidad en pregrado y grado.
Estudiantes extranjeros de pregrado y grado en la UBA. Total y proporción en universidades estatales argentinas (2017-2025)
La composición por nacionalidad permite precisar aún más esta concentración. En el conjunto del sistema universitario argentino, Brasil era en 2022 el principal país de origen de estudiantes de otras nacionalidades, con 24.219 estudiantes equivalentes al 19,7% del total de extranjeros. En la UBA, en 2023, los brasileños eran 6.944 y representaban el 18,2% de la matrícula extranjera, apenas por debajo de los estudiantes de origen peruano, que alcanzaban el 18,6%. Brasil no era, por lo tanto, el principal origen de la UBA en su conjunto, aunque sí uno de los dos grupos claramente predominantes.
El promedio UBA de estudiantes extranjeros UBA, sin embargo, oculta diferencias muy importantes entre unidades académicas. En la Facultad de Medicina la ratio alcanzaba al 26% y en Odontología el 20% del total de estudiantes en 2025. En Ingeniería representa el 12%, levemente por encima del promedio de la universidad. En el otro extremo, la participación es cercana al 4% en Derecho y Filosofía y Letras (en línea con el promedio nacional). La presencia extranjera, por lo tanto, no se distribuye uniformemente: se concentra especialmente en carreras vinculadas con la salud.
La presencia brasileña se vuelve especialmente significativa al observar la carrera de Medicina en la UBA. En 2023, los extranjeros representaban el 38,3% de sus estudiantes y los brasileños, por sí solos, el 14,1% de la matrícula total de la carrera. Ninguna otra nacionalidad alcanzaba una participación comparable, a diferencia de la situación para la UBA en su conjunto. La concentración, entonces, no es solamente institucional y disciplinaria: también presenta un componente marcado según el país de origen en este caso específico.
La Facultad de Medicina de la UBA también explica buena parte de la evolución reciente. Entre 2024 y 2025, su matrícula extranjera disminuyó de 20.692 a 17.979 estudiantes. Esa reducción de 2.713 personas representa alrededor del 90% de la caída total registrada por la UBA en esos años. Los datos preliminares de 2026 sugieren que la reducción se continúa profundizando. Los ingresantes de esa facultad con residencia temporal, transitoria o precaria representan el 6,1% de los inscriptos en dicha unidad académica. En consecuencia, la participación extranjera de la matrícula de la Facultad de Medicina se situaría en torno al 24% en el año en curso.
Para el promedio de la UBA, los extranjeros con residencia temporal, transitoria o precaria representaron el 2,5% de los ingresantes (70 mil). Por debajo del registro mencionado en Medicina, que es el de mayor proporción, se sitúan Odontología (4,1% de los ingresantes) e Ingeniería, (2,7%). En las demás facultades los nuevos extranjeros representan proporciones inferiores al 2% de los ingresantes en 2026.
Proporción de estudiantes extranjeros de pregrado y grado en la UBA según unidad académica (2025)
La caída abrupta de estudiantes internacionales en la UBA puede deberse, entre otras razones, al encarecimiento del costo de vida en el país, sumado a la mayor exigencia de acreditación de idioma español para aspirantes provenientes de países no hispano hablantes que opera desde finales de 20232.
Los datos presentados señalan, en suma, que no existe una presión homogénea sobre todo el sistema universitario ni sobre todas las facultades. El fenómeno combina una presencia relativamente baja en numerosas disciplinas con niveles muy elevados en algunas carreras especialmente vinculadas con las ciencias de la salud y con origen brasileño de manera predominante.
Por qué vienen a estudiar a la Argentina
La llegada de estudiantes internacionales responde a una combinación de factores. Las universidades argentinas cuentan con reconocimiento académico, ofrecen carreras con financiamiento público y presentan condiciones de ingreso menos restrictivas que las existentes en otros países de la región. También influyen, en el caso de los países vecinos, la proximidad geográfica, los vínculos culturales, las redes familiares, las posibilidades de inserción laboral y el atractivo de ciudades universitarias como Buenos Aires, La Plata y Rosario, entre otras.
En el caso de Brasil se agrega un factor institucional específico. El acuerdo bilateral migratorio vigente entre la Argentina y Brasil establece un mecanismo facilitado para que los nacionales de ambos países transformen residencias transitorias o temporarias en permanentes y regularicen su situación migratoria. Si bien no se trata de una residencia automática, el régimen reduce las barreras administrativas para instalarse en el país y puede haber contribuido a facilitar trayectorias educativas de larga duración. El Acuerdo sobre Residencia del Mercosur y las normas aplicables a sus Estados asociados también favorecen la movilidad regional; la particularidad del caso brasileño reside en la existencia de este instrumento bilateral complementario que profundiza las facilidades migratorias.
En cuanto al peso de los estudiantes extranjeros en Medicina, las restricciones de acceso en los países de origen son especialmente importantes. En Brasil por ejemplo, durante 2022 se presentaron alrededor de 963.500 aspirantes para menos de 47.000 vacantes. En promedio, ingresó solamente uno de cada veinte candidatos. En las universidades públicas brasileñas, la competencia fue incluso mayor (Luchilo, 2024). La Argentina aparece así como una alternativa para una demanda educativa que los sistemas universitarios de origen no logran absorber.
La elevada presencia brasileña, particularmente en Medicina, puede explicarse así por la combinación de varios factores: las fuertes restricciones de acceso en el sistema universitario de origen, la ausencia de cupos equivalentes en numerosas instituciones argentinas, el financiamiento público de los estudios y un marco migratorio bilateral que facilita la residencia. La expansión fue, en gran medida, espontánea. Esa ausencia de planificación explica que el debate se haya concentrado en cómo reaccionar frente a los estudiantes que ya están aquí, en lugar de preguntarse qué tipo de internacionalización necesita el país.
Los estudiantes internacionales también generan recursos
Los estudiantes internacionales no son solamente usuarios de servicios educativos. Durante varios años viven en la Argentina, alquilan viviendas, compran alimentos, utilizan transporte, contratan servicios, realizan actividades culturales y reciben visitas de familiares y amigos. En Curcio, Leone y Simonini (2025) se estima que los gastos realizados por los estudiantes internacionales y las visitas asociadas generaron en 2023 un impacto económico de aproximadamente $455.512 millones (unos USD 1.470 millones al tipo de cambio oficial promedio de ese año equivalentes a 0,24% del PIB). Además, solo por IVA e Ingresos Brutos, la recaudación atribuible a esos consumos ascendió a alrededor de $67.041 millones (USD 216 millones3). La estimación no incluye otros impuestos nacionales, provinciales y municipales que también se originan directa o indirectamente en relación con esas actividades.
Desde esta perspectiva, la educación internacional puede considerarse una exportación de servicios: el servicio se presta dentro del país, pero una parte importante de los recursos utilizados para financiar la estadía proviene del exterior. La OCDE estima que los ingresos directos por exportaciones vinculadas con estudiantes internacionales superaron los 110.000 millones de euros en sus países miembros en 2019.
Por otra parte, la contribución no se agota en el consumo. La OCDE identifica entre los beneficios para los países receptores la formación de redes sociales y comerciales con los países de origen y la posibilidad de incorporar posteriormente investigadores y profesionales altamente calificados. La presencia de estudiantes internacionales también constituye una señal del atractivo y de la calidad percibida del sistema universitario del país receptor.
Quienes permanecen en el país después de graduarse pueden convertirse en una fuente de trabajadores calificados con externalidades significativas. La experiencia internacional muestra que los antiguos estudiantes constituyen una vía importante de ingreso a la migración laboral. En varios países, sus tasas de empleo de largo plazo son similares a las de los migrantes que ingresaron directamente por motivos laborales y presentan menores niveles de sobrecalificación los de otros grupos migratorios. Es decir, tienen una probabilidad más baja de desempeñarse en puestos que requieren un nivel educativo inferior al que efectivamente poseen. Ello supone un mejor aprovechamiento de las capacidades adquiridas y reduce la pérdida de capital humano asociada a la inserción en empleos por debajo de su calificación.
Esto es particularmente relevante para la Argentina. Cuando un graduado extranjero se queda, trabaja y paga impuestos en el país, la inversión realizada en su formación se incorpora al sistema productivo y fiscal local. Desde el punto de vista económico, lo decisivo no es su nacionalidad, sino el lugar donde desarrolla posteriormente su actividad profesional. Un argentino formado con recursos públicos que emigra puede representar una pérdida fiscal comparable a la de un extranjero que se gradúa y regresa a su país.
Innovación, redes y diversidad en las aulas y en los centros de investigación
La internacionalización también genera beneficios menos visibles en el corto plazo, pero relevantes para el desarrollo universitario. En el caso de Estados Unidos, Chellaraj, Maskus y Mattoo (2008) encontraron una asociación positiva entre la presencia de estudiantes extranjeros de posgrado y la producción futura de patentes, tanto dentro como fuera de las universidades. Se trata de un resultado específico para estudiantes de posgrado y para el sistema estadounidense, pero muestra un mecanismo importante: atraer estudiantes avanzados puede ampliar la capacidad de investigación y creación de conocimiento del país receptor.
La diversidad también puede beneficiar a los estudiantes locales. Luo y Jamieson-Drake (2013), utilizando información de tres cohortes de graduados, encontraron que los estudiantes domésticos que mantenían una interacción más intensa con compañeros internacionales reportaban un mayor desarrollo en distintas dimensiones personales e intelectuales. La internacionalización, por lo tanto, no beneficia exclusivamente a quienes se trasladan: también puede enriquecer la experiencia educativa de quienes permanecen en su país.
Se deben considerar también la creación de redes académicas, la cooperación entre instituciones, la circulación internacional del conocimiento y la reputación que adquiere una universidad capaz de atraer estudiantes de otros países. En Curcio, Leone y Simonini (2025) se destaca que esos vínculos fortalecen el capital humano, la proyección global de las universidades y las relaciones regionales de cooperación científica.
Los beneficios mencionados no aparecen automáticamente. Para que la diversidad produzca una verdadera internacionalización es necesario promover la interacción académica, facilitar la integración y evitar que los estudiantes extranjeros permanezcan aislados de la comunidad universitaria local.
Los costos tienen escalas variables y no son iguales en todas las carreras
Por el lado de los costos, en el mencionado estudio del IIEP se señala que incorporar un estudiante adicional en los cursos ya instalados suele ser considerablemente menor que el costo promedio por alumno. Las universidades tienen edificios, autoridades, infraestructura y parte de su planta docente independientemente de que un curso tenga algunos estudiantes más o menos. Por esa razón, en muchas carreras el costo marginal es reducido. De hecho, la presencia de una matrícula mayor permite distribuir los costos fijos entre más estudiantes y aprovechar economías de escala. El costo promedio no debe confundirse, entonces, con el costo que efectivamente genera cada nuevo ingreso.
Pero tampoco es razonable suponer que el costo marginal siempre es cero. Cuando se supera la capacidad existente, es necesario abrir nuevas comisiones, contratar docentes, ampliar laboratorios o incorporar lugares de práctica. Esto es especialmente importante en Medicina, Odontología, Veterinaria, Ingeniería y otras disciplinas que requieren equipamiento, hospitales, trabajo en grupos reducidos y supervisión intensiva. Medicina y Odontología constituyen entonces casos particulares no solo por la elevada concentración de estudiantes extranjeros, sino también por las características de su enseñanza. En estas facultades la expansión puede requerir recursos adicionales y justificar un tratamiento presupuestario específico a ser considerado.
El problema a resolver
La sociedad argentina no puede cerrar sus universidades a los estudiantes extranjeros ni ignorar sus restricciones presupuestarias. Necesita formular mejor el problema a resolver.
Cobrar o excluir según la nacionalidad es una respuesta simplista para una dificultad mucho más compleja (además de requerir un cambio normativo en el esquema actual que prohíbe el arancelamiento en los niveles de grado y pregrado en universidades estatales). No resuelve los problemas generales de acceso, abandono, duración de las carreras, calidad educativa, infraestructura ni distribución de los recursos. Tampoco reconoce los beneficios económicos, académicos y estratégicos de la internacionalización.
Es legítimo discutir las reglas de acceso a la universidad. Pero ese debate debería alcanzar a todos los estudiantes sin distinción de nacionalidad y basarse en criterios académicos transparentes, en la capacidad de las instituciones y en el objetivo de garantizar igualdad de oportunidades, prestación de servicios de calidad y distribución justa del financiamiento.
En relación con el financiamiento las universidades requieren recursos que contemplen la matrícula efectivamente atendida, la regularidad y el avance de los estudiantes, las diferencias de costo entre disciplinas y los saltos de capacidad que requieren abrir cursos, ampliar laboratorios o incorporar prácticas profesionales.
Del mismo modo, las becas y ayudas económicas deberían asignarse principalmente según las condiciones socioeconómicas y las trayectorias educativas. Dos estudiantes con las mismas necesidades y el mismo desempeño no deberían recibir un trato diferente únicamente por el color de su pasaporte.
Finalmente, la internacionalización debe dejar de ser un fenómeno espontáneo. La Argentina necesita mejores estadísticas que posibiliten diagnósticos más precisos, coordinación entre las políticas universitarias y migratorias, acuerdos con otros países, mecanismos de integración lingüística y académica, políticas para diversificar las disciplinas que reciben estudiantes y estrategias para facilitar la permanencia de los graduados que puedan aportar en áreas con escasez de profesionales o vacancias de oportunidad en el país.
La discusión no debería comenzar preguntando cuánto cobrarle a alguien por el lugar donde nació. Se trata de construir una universidad abierta, exigente, inclusiva y financieramente sostenible. El problema no es el exceso de internacionalización. Es la falta de planificación para aprovecharla y financiarla de forma adecuada.
Referencias
Chellaraj, G., Maskus, K. E., & Mattoo, A. (2008). The contribution of international graduate students to US innovation. Review of International Economics, 16(3), 444–462.
Curcio, J., Leone, J. y Simonini, F. (2025). Análisis del impacto económico de los estudiantes internacionales en las universidades nacionales en la Argentina (Documento de Trabajo del IIEP N.º 107). Instituto Interdisciplinario de Economía Política, Universidad de Buenos Aires–CONICET.
Luchilo, L. (2024). Estudiantes internacionales en carreras de medicina en universidades argentinas: Tendencias recientes. Debate Universitario, 16(25), 78–95.
Luo, J., & Jamieson-Drake, D. (2013). Examining the educational benefits of interacting with international students. Journal of International Students, 3(2), 85–101.
OECD. (2019). Benchmarking higher education system performance. OECD Publishing.
OECD. (2025a). Education at a glance 2025: OECD indicators. OECD Publishing.
OECD. (2025b). International migration outlook 2025. OECD Publishing.
La cantidad de estudiantes internacionales dentro del universo de estudiantes extranjeros fue estimada a partir de la información disponible de los estudiantes UBA sobre cambios de residencia por razones de estudio, facultad, carrera y nacionalidad, complementada con entrevistas a referentes académicos y factores de corrección basados en el relevamiento censal UBA de 2015. Con eso se estimaron factores de corrección discriminados por nacionalidades y carreras y se extrapolaron los datos UBA al conjunto de universidades nacionales, suponiendo un comportamiento homogéneo entre instituciones (Curcio, Leone y Simonini, 2025, pp. 34-36).
La resolución UBA RESCS-2023-1924, del 13 de diciembre de 2023, establece que todos los aspirantes provenientes de países no hispanohablantes deben acreditar un nivel mínimo de español equivalente a C1 del Marco Común Europeo. Debido a la composición por nacionalidad de la carrera de Medicina, es esperable que la medida haya afectado especialmente a los aspirantes brasileños.
Para expresar los valores aproximados en dólares se utilizó el tipo de cambio oficial promedio de 2023, de AR$ 309,85 por dólar estadounidense (dólar minorista, fuente BCRA https://www.bcra.gob.ar/estadisticas-indicadores/). Las equivalencias no consideran tipos de cambio financieros o paralelos





