Un breve comentario sobre Alfonso Prat Gay, Philippe Petit y la irresistible tentación de moverse sin red de seguridad

Por Ramiro Albrieu*
El 7 de agosto de 1974 a las 7:15 de la mañana el funámbulo francés Philippe Petit hizo algo por lo cual miles lo recuerdan aún hoy a lo largo del mundo: utilizó un cable de 200kg para “pasear” entre las terrazas de las Torres Gemelas. La hazaña de Petit, magistralmente revisitada por James Marsh en el documental “Man on Wire”, habla también de algo más general: conductas temerarias que se repiten en variados contextos y lugares. Y allí es donde entra Alfonso Prat Gay y sus primeras medidas económicas.
¿Dónde está la temeridad de Prat Gay? En la decisión de devaluar el peso y remover el cepo cambiario sin la comunicación de un plan consistente para lidiar con sus posibles efectos. OK, quizás la correspondencia con Petit sea un poco exagerada, pero puede pensarse que en lo que va del gobierno de Macri la autoridad económica ya tiene algunos elefantes en la sala. En particular, podemos focalizar en tres.
El primero es el efecto de la devaluación en los precios. Por un lado, hay un impacto inmediato en los bienes transables, que no debe ser desestimado por el posible adelanto que hubo en los últimos meses (y el que ya existía en los sectores productores de importables que se encuentran protegidos, como remarcó acá José María Fanelli). En los próximos días se verá hacia dónde va el precio de los productos derivados de los granos, pero las subas que se mencionan informalmente son de magnitud. La dinámica del precio de los alimentos, y sus efectos sobre la conflictividad social, serán clave. Por otro lado, hay un efecto algo rezagado que se relaciona con los precios de los bienes no transables; allí el factor clave será la seguidilla de paritarias de los primeros meses del año entrante. ¿Estarán los sindicatos dispuestos a aceptar subas de salarios inferiores a las subas de precios? Más allá del rol de un posible pacto social, la historia mostró que la principal ancla aquí es el nivel de actividad. ¿Cuánto habrá que recesionar la economía para contener la suba salarial? No lo sabemos, pero tampoco el gobierno ha dado señal alguna en ese sentido.
El segundo se refiere a las cuentas fiscales. Como mostraron recientemente Oscar Cetrángolo y Julián Folgar en esta nota, la situación fiscal es extremadamente frágil. Y las políticas anunciadas hasta ahora, más que apuntar a una corrección, van en sentido contrario. No nos referimos únicamente a la baja en las retenciones y la devolución de ganancias del medio aguinaldo; sino también al efecto de la inflación sobre el gasto público en subsidios económicos. ¿Hay un plan para racionalizar los subsidios? ¿Qué va a pasar con el impuesto inflacionario? Tampoco la autoridad económica dio pista alguna sobre este punto.
El tercero apunta a la estrategia de política monetaria. No tenemos un programa monetario que pueda anclar las expectativas; sólo sabemos que si no se corrige la cuestión fiscal habrá una fuerte expansión en el año entrante. En el muy corto plazo, con poco manejo de la oferta –más allá de los deficientemente comunicados acuerdos con cerealeras y bancos- parecería que la tasa de interés se convierte en una herramienta clave para contener toda posible corrida cambiaria. ¿Pero por cuánto tiempo puede mantenerse alta la tasa de interés sin dañar la cadena de pagos? Claramente, no podría considerarse esta una política de carácter sostenido. Y más en el mediano plazo (que en nuestro caso sería acá nomás, post-paritarias de marzo), habría que ir corrigiendo el tipo de cambio hacia arriba, como para lograr la buscada corrección de precios relativos. Por supuesto, nuevas subas de precios vendrán después. ¿Es esta estrategia de crawling peg consistente con un esquema puro de metas de inflación, el cual parece más afín a la nueva conducción monetaria? Además, esta interacción podría resultar en niveles de inflación anuales superiores al 50%. ¿Qué tipo de plan antiinflacionario se tiene en mente a partir de allí?
El paseo de Petit, el cual dicho sea de paso no había sido comunicado a nadie de antemano, tuvo un final feliz y sus peripecias continuaron en las décadas siguientes. Igualmente, puede pensarse que existe una configuración donde todo se acomoda de tal manera que se corrigen los precios relativos, la inflación resultante es relativamente baja y la economía recupera el sendero de crecimiento rápidamente. El autor de esta nota desconoce ese sendero, como probablemente buena parte de los actores económicos. Si la autoridad económica lo conoce, su revelación sería la mejor manera de ahuyentar miedos y coordinar expectativas.
* Licenciado en Economía, Facultad de Ciencias Económicas, Universidad de Buenos Aires. Investigador asociado del Área Economía, Centro de Estudios de Estado y Sociedad (CEDES). Docente en la Universidad de Buenos Aires en las Areas de Economía y finanzas. Actividades de asesoramiento a diversos organismos internacionales, como la Comisión Económica Para América Latina y el Caribe (CEPAL) o el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).
